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domingo, 8 de abril de 2018

Un fin de semana en Madrid


  En enero hicimos una escapadita a Madrid. Aprovechamos los descuentos que hicieron en RENFE por la llegada del AVE a Castellón y nos fuimos a pasar un par de días.

No queríamos visitar ninguna exposición en particular ni hacer nada en concreto, solo pasear, ir de compras, y dejar pasar el tiempo por las calles de Madrid, que cada vez que vamos nos enamora más.

Llegamos el viernes y pasamos la tarde con nuestros excelentes anfitriones, Raquel y Javi. Fuimos a ver el Wanda Metropolitano para que el barbudo estuviera contento y viera el nuevo templo colchonero. Nos llevaron a cenar a un sitio fetén y nos tomamos una copa para celebrar nuestro finde desconexión.


El sábado nos levantamos con la idea de visitar tiendas de vinilos del centro, aunque madrugamos demasiado y tuvimos que esperar a que abrieran Escridiscos y La Gramola. 

El resto del día lo pasamos en Malasaña, de compras y paseando. Aprovechamos las rebajas que quedaban en Lady Cacahuete y la Antigua Shop en la calle de la Corredera Baja de San Pablo y nos tomamos el vermut en Vacaciones Cocktail bar en la calle Espíritu Santo.






  



  




 Comimos en El Circo de las Tapas en la calle Corredera Baja de San Pablo y por la tarde seguimos con nuestro paseo tranquilo y visitamos la exposición de 40 años del Punk que había en La Fiambrera.

  
   



Nuestro shopping lo acabamos en Chopper Monster en calle Corredera Alta de san Pablo, y llegamos hasta la plaza Dos de Mayo para ver un bonito atardecer en Madrid.




El domingo nos fuimos a desayunar a Malasaña de nuevo, pues el día anterior encontramos una panadería que hizo chiribitas en los ojos al barbudo. Se trata de Levadura madre, una franquicia de panaderías en Madrid con un obrador-escuela.  Tienen barra libre de tostadas para los desayunos, así que nos pusimos las botas y los probamos todos.



Con la barriga llena pusimos rumbo al Rastro, pero fuimos directos a la zona de anticuarios y estuvimos paseando por las calles Santa Ana, López Silva o Bastero, descubriendo tiendas preciosas de decoración, mobiliario y ropa vintage; Igloo Vintage, La tapiceria, Marantik decoración, Santa y Señora y aprovechamos para visitar otras que ya conociamos con La Recova o Remember











Pero mi gran descubrimiento esta vez fue La oficial cerámica, donde venden cerámica al peso y donde salí sin nada porque no pude decidir que es lo que más me gustaba.




Acabamos tomando el vermut en la Cabra sobre el tejado, donde ya nos había llevado Raquel en otra visita, y decidimos tomar el metro en Puerta de Toledo hasta el Retiro, para comer pues allí, pues hacía un día precioso. No sin antes visitar a nuestro amigo el basset hound guardián del pasado.





Para acabar el domingo fuimos a ver el monólogo de Nancho Novo El cavernícola, al que nos invitaron nuestros magníficos anfitriones,  que lleva más de 15 años en los escenarios, ahora en el teatro Arlequín. Nos vino genial un rato de risas.

A la mañana siguiente hicimos las maletas para volvernos para casa, no sin antes tomarnos un desayuno con churros y porras.
Desconectamos, nos mimamos y disfrutamos de la ciudad que tanto nos gusta.




domingo, 25 de marzo de 2018

La bella Marrakech



La preparación del viaje a Marrakech fue un poco improvisada, ya que decidimos hacer el viaje poco antes. Tampoco tenía en la mente visitar muchos sitios o museos, simplemente queríamos dejarnos llevar y abrir los sentidos. Pero tengo que reconocer que me sorprendieron gratamente los palacios y lugares de interés turístico que vimos.
Os contaré lo que visitamos cronológicamente, para que os podáis hacer una idea y organizar vuestras visitas si viajáis allí.

1º día: Llegada

Primera toma de contacto con la ciudad. Llegamos por la tarde, deshicimos las maletas y después de refrescarnos un poco, ya que el cambio de temperatura es notable aún siendo principios de junio, y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad hasta la hora de cenar. Fue nuestro primer contacto con la plaza Jmaa el-Fnaa, la primera vez  de muchas otras que la atravesaríamos y ya nos impresionó el gentío y el aparente caos que habita allí, aún siendo media tarde. Al anochecer sucede la magia y la inmensa explanada se abarrota de puestos de comida que emanan olores y sonidos por doquier, mujeres que pintan las manos con henna o encantadores de serpientes que buscan una moneda.


Las calles de los zocos también se trasforman, los negocios cierran sus puertas y se hace el silencio que incluso te hace hablar en voz baja. Una paradoja más de la ciudad.



2º día: Palacios, zocos y plaza Jmaa el-Fnaa



Después de un buen desayuno en nuestro riad salimos hacía los palacios cuando Marrakech aún estaba despertando, y eso que no madrugamos en absoluto. Tanto el palacio de el-Badi como el palacio de la Bahía, son espectaculares y aunque quieras evitarlo, siempre vas a encontrar gente.  Puedes intentar ir a primera hora pero aún así será difícil. Tómatelo con calma y asume que encontrarás en tus fotos a alguna japonesa haciéndose alguno de sus mil selfies diarios.



El Palacio el- Badi: este enorme palacio con un majestuoso patio central fue construido en el siglo XVI por el sultán Ahmed el-Mansour y desmantelado 75 años después de su construcción.  Ahora es difícil de imaginar esta vieja gloria recubierta de oro y joyas como fue en su inicio. En la actualidad anidan cigüeñas en sus murallas y una vez al año recoge el festival nacional de arte popular marroquí.

  



El Palacio de Bahía: Construído en el siglo XIX por el visir alauita Ahmed ben Moussa para sus mujeres, este sí destaca por su gusto y delicadeza en la decoración en las numerosas salas que lo forman, así como preciosos patios llenos de vegetación presididos por fuentes.

 
  

    




En las horas centrales del día te recomiendo que busques una buena sombra y que te rehidrates lo mejor posible, pues aún queda algunas horas de calor bochornoso. No tengas prisa, elige un buen lugar para comer y descansar de la mañana. Casi todos los locales tienen terraza en la azotea con ventiladores y buenas sombras. 
Nosotros comimos por la zona de los zocos Riads-Zitoun, que es una zona donde desembocan  los laberintos de derbs, callejuelas con muros ciegos y puertas pesadas que guardan en su interior palacios abandonados o mansiones. Las calles principales están llenas de tiendas y restaurantes. 
Después de comer volvimos hacía el sur con la intención de visitar el Mellah, barrio de los últimos judíos, pero fallamos en nuestro intento. La sinagoga y el cementerio judío estaban cerrados por ser viernes, y nos dejamos llevar por las compras de especias. Os aconsejo que volváis al riad a descansar porque en Marrakesh el tiempo pasa despacio y el calor es duro en estas horas. 





 

Nos volvimos cansadisimos al riad, pero solo con la intención de darnos una ducha y volver a salir antes del anochecer. Queríamos coger buen sitio en la plaza para ver, esta vez desde las alturas, el espectáculo y la magia.





3º día: Maison de la Photographie, Madraza Ben-Yousef y Jardines de la Koutobia.

Después del desayuno, de nuevo nos dio la sensación que estábamos poniendo las calles. Pusimos rumbo a la Madraza, de la que había leído que era de lo más espectacular de Marrakech, pero estaba cerrada, aunque en las guías ponía que abrían a las 10:00. Pasamos de largo y dando un paseo llegamos hasta la Maison de la photografie que si estaba abierta. 
El fondo de archivo fotográfico de Marruecos está ubicado en esta preciosa casa de varias plantas con un patio central entorno al que se articulan todas las habitaciones, abiertas y distribuidas de para organizar la exposición fotográfica. En la azotea podrás disfrutar de unas espectaculares vistas de toda la ciudad con el Atlas al fondo. Sin duda, ver desde arriba Marrakech es otro espectáculo más donde se percibe como es la vida aquí, de fuera para dentro. Se perciben espectaculares patios con jardines y terrazas preciosas que no lo parecen desde fuera.



Después nos fuimos a la Madraza Ben-Youssef, pero nos dimos cuenta que hubiéramos tenido que esperar un poco para no toparnos con el mundo entero dentro de ella. Debería tener el acceso restringido a un número determinado de personas, porque es una lástima que este sito tan espiritual se visite como una atracción de feria.



A pesar de esto, todo lo que habíamos leído de ella era cierto, es espectacular. Esta escuela coránica del siglo XVI es una obra de arte del estilo andaluz.  En el centro del patio luminoso hay una pila de abluciones de espectacular mármol de Carrara, en las salas de oración y trabajo, colindantes al patio, destaca una preciosa decoración de estucos, mosaicos y dinteles tallados con inscripciones coránicas. Toda esta espectacular decoración contrasta con las diminutas y austeras habitaciones de estudiantes que se sitúan adyacentes a este patio.

   

  

  


Al salir estuvimos callejeando por los zocos, hicimos algunas compras que teníamos pensadas, volvimos al riad a dejarlas y salimos a comer a la plaza Jemaa-el-Fna. Después descansamos en el riad de nuevo, pues ya habíamos aprendido del día antes, y antes de anochecer salimos a pasear por los alrededores de la Koutubia y sus jardines. Como ya os había comentado en el post anterior, visitamos Marrakech en pleno ramadán, y el rezo antes de anochecer es el más importante del día. Se congregan miles y miles de musulmanes alrededor de la Koutubia, que es la mezquita más importe de la ciudad, y el aire de espiritualidad, el sonido y los movimientos de reverencia del rezo, hacen que sea algo único a nuestros ojos.



Con toda la calma de aquel momento dimos un paseo por los jardines de la Koutubia que ahora estaban casi desiertos.



 4ºdia: Jardines Majorelle, Tumbas Sadies y Gueliz

Una de los sitios que tenía marcado si tenía marcado ir a visitar era los Jardines de Majorelle. Estos jardines fueron creados por el pintor francés Jacques Majorelle en 1920. Este visitó la ciudad y se enamoró de ella. Decidió montar su taller aquí y creó unos jardines donde florecen las buganvillas, palmeras, cactus, nenúfares y miles de plantas exóticas. En el centro de esta exuberancia botánica, la villa modernista se distingue por el color azul intenso, bautizado como "azul majorelle".  En 1980, Yves Saint- Laurent  compró el conjunto, lo que contribuyó en gran medida a la gran fama del jardín.
Después de visitarlo entenderás porque es el lugar más fotografiado de la ciudad. 
Tomad un taxi para ir y otro para volver, es lo más cómodo y sale barato, eso si negociad el precio antes de subir.





    






Al salir tomamos un taxi y le pedimos que nos dejara en la Kasbah para ir a visitar las Tumbas Sadies. Este complejo de tumbas monumentales está compuesto por varios mausoleos donde reposan los restos de soberanos sadíes y alauíes, y en el centro la Sala de las doce columnas que alberga la sepultura de Ahmed el-Mansour.  La suntuosa decoración de las tumbas de estos soberanos reflejan las riquezas obtenidas con el comercio de azúcar en el siglo XVI. A ellos se les debe la recuperación del protagonismo de Marrakech frente a Fez, a quién habían antepuesto sus antecesores los Benimerines. De nuevo colas, con contados segundos para asomarte a cada mausoleo. 






Al salir de las tumbas Sadíes tomamos la decisión más equivocada del viaje, o no, según se mire, y es que decidimos bajar por la calle de la Kasbah y acabamos dando la vuelta al palacio real que está complemente amurallado y no hay nada de nada de nada interesante que ver. Dicho así, no parece muy grave, pero he de decir que el perímetro del recinto del palacio debe tener al menos 5 kilómetros y que serían entre la una y las dos de la tarde. En fin, horroroso. Al final conseguimos bordearlo por completo y llegamos de nuevo a la plaza de los Hojalateros para subir por el Riad- Zitoun y comer a la sombrita en la terraza del Hotel Kennaria. Nos lo tomamos con calma y después de comer volvímos al riad para prepararnos para ir a los baños árabes de Medina Spa donde habíamos reservado hora.




 Cuando salimos, volvimos al riad a dejar pasar el calor, y al atardecer dimos un paseo hasta Guéliz, que como ya os conté no tiene nada de especial.

5º día: La Menara y salida. 

Nuestro avión salía después de comer, así que dejamos el equipaje preparado y  aprovechamos la mañana para visitar La Menara. Cogimos un taxi en la plaza Jmma-el Fnaa que nos dejó en la misma puerta y de paso vimos las murallas que encierran la ciudad árabe y el Hivernage, antigua residencia de diplomáticos oficiales que alberga villas y mansiones, a través de la avenida de La Menara.



La Menara es una extensión de 90 hectáreas de olivos donde van las familias a pasar el día o las parejas para cortejar a la novia. En el centro un monumental embalse recoge el agua del Atlas y lo reparte entre los cultivos. Junto a este se levantó el pabellón en el siglo XIX por el soberano alauita Moulay Abd er-Rahman para vigilar la ciudad. Los guías locales nos contaron que sirvió de cuartel militar y que estuvo abandonado durante algún tiempo.  Desde el piso superior se puede ver el eje urbanístico que lo enlaza con la Koutubia.




El aeropuerto internacional de Marrakech coge su nombre, ya que se encuentra adyacente al recinto. Si eres paciente veras despegar los aviones hacía este con un intervalo de muy poco tiempo. 


Antes de volver al riad para recoger las maletas, aún tuvimos tiempo de dar una vuelta por los zoco, hacer las últimas compras, perdernos de nuevo y comer nuestra última comida comida marroquí. 




Marrakesch es una ciudad intensa, el tiempo pasa despacio y aunque parezca que no, se puede saborear todo con calma sin dejarte nada.  Las distancias son relativamente cortas (a no ser que te pierdas por el perímetro del palacio real a la una de la tarde) y las que no, se pueden sortear con un taxi a buen precio, lo que beneficia la optimización del tiempo y visitas.
Los zocos para ir de compras son más o menos iguales, te recomiendo que eches un vistazo, practiques el regateo, pero no pierdas el tiempo intentando encontrarlo más bonito, mejor o más barato, porque a fin de cuentas todos son iguales. Eso si, cuanto más cerca de la plaza más intentan aprovecharse.


Mi consejo principal es que elijas un riad céntrico para poder descansar. No solo de las horas centrales del día si vas entre primavera y otoño, que hace mucho calor, sino también del caos, el gentío y jaleo. Volver al riad, te parecerá entrar en el paraíso. 
Prueba diferente comida, acércate a oler diferentes aromas, abre bien los ojos y déjate llevar. Marrakech es un lugar mágico.